
Va para mas de ciento veinticinco años que el niño Picasso vino al mundo en Málaga, trasladándose a Coruña cuando tenía diez años para posteriormente pasar a Madrid, Barcelona, Málaga, Horta, Gosol, París, Roma, Londres, París, .... En Coruña vivió una etapa formativa que en lo que estudié y en lo que reflejan mis fichas parece ser que fue fundamental. Mi recuerdo desde aquí a los profesores y críticos que en cierta medida y con mayor o menor intensidad se han relacionado con la persona de don Pablo y su obra. Me emociona aludir a Caparrós, a Bugallal, a Fernando Mon, a Laureano Álvarez, a Meijide Pardo y a Antonio D. Olano.
En la serie que escribiré sobre tan espléndida figura del arte aludiré al entramado social, a la escenografía y a la fuente gallega de muchas de sus pinturas y dibujos que para desgracia de nuestra región se encuentran, en su mayor parte, en el Museo Picasso de Barcelona.
Sírvanos de entradilla el Cartel que en edición limitada la Editorial Camiño do Faro editó en esta conmemoración y aprovechemos la figura del Picasso niño Málagueño para imaginarlo en su viaje de entrada a Galicia.
En lo que sigue trataré de ser conciso, lo que no es óbice para que en el futuro vuelva a lo hoy escrito.
La familia Picasso se embarcó en el fondeadero de Málaga en un barco mixto de pasajeros y mercadurías a vela y a vapor de la naviera Pinillos. El viaje del matrimonio con los tres niños fue muy dificultoso hasta el punto que al llegar a la altura de Tuy deciden desembarcar en Vigo y seguir por tierra a Pontevedra, Santiago y Coruña; salvando así las marejadas de la Costa de la Muerte.
Desde Vigo los Picasso se dirigen a Pontevedra y a Carril donde toman el tren llamado «El Compostelano» que los deja en la Estación de Cornes. Allí toman un coche de punto que atravesando un feixe de prados, cultivos, casas de labranza y palacetes, los deja en la actual Plaza de Vigo en cuyo lugar se asentaba el antiguo edificio de la Inquisición y unas casas que daban servicio de mesón a varias líneas de dirigencias.
Si los Picasso hubieran visitado la Catedral cuyo obispo era Martín Herrera, habrían pernoctado en una de las casas de huéspedes de la ciudad. Siendo las más conocidas las de la Suiza, y Reparaz.
Desde este punto a los Picasso se les presentan dos opciones: Tomar la dirigencia hasta Curtis para allí enlazar con el tren del Correo, «Yente», desde Madrid a Coruña o bien tomar la línea de dirigencia La Ferrocarrilana que al cabo de siete horas y con paradas en Mesón frío, Xionlla, Sigüeiro, Oroso, Órdenes, Mesón del Viento, Carral, Alvedro-El Portazgo, los dejó en la Rúa Nueva de Coruña. Si los Picasso no se retiraron esa noche a su casa habrían dormido en el hotel Continental o en una casa de confianza.
Lucindo-Javier Membiela
*Extraído del libro Picasso, Pinxit y Dixit (Editorial Camiño do Faro, 2009)