martes, 20 de julio de 2010

MADRID, NOTAS DE ARTE. PICASSO Y LOS BAROJA


Mientras que la Pardo se pirraba por el sibilino efecto que hacía el café, Rosalía prefería el chocolate carlista. En el Café de Levante no había duda, la clientela era muy macha y trasegaba café con gotas.

En la tertulia de los Baroja coincidieron algunos de los más brillantes escritores y pintores de los siglos XIX y XX.
Pío Baroja era un literato que gustaba del café con gotas y la picadura Selecta, que le servía una cigarrera en unos cilindrones amarillos. Don Pío siempre fue un viejo roto, aficionado a los batines caseros dobles y fatigados por el uso, que se ajustaba con una trencilla de cortina que terminaba en dos cebollas cual si fueran las borlas carlistas.
Según las memorias de Alvarito García, que en una de amigotes y partiendo de Coruña se fue a comer a la antigua Charola de Villafranca para después de comprar lotería en Madrid subir a visitar a don Pío, éste los recibió debajo de una finísima capa de ceniza que había cultivado durante toda la tarde. En la cara tenía, y no había ninguna duda porque don Pío era un reconocido varón, un levísimo soplo blanquecino, malicento, que nadie osó tildar de polvos de arroz.
Volviendo a lo anterior, el segundo al mando de la tertulia del café era Ricardo Baroja que era muy facha y que poseía un acentillo sarcástico que lo hacía un minimun incómodo. Pues bien, con ellos y su filosofía tardocuchitril coincidió don Pablo cuando vivió en Madrid: en San Pedro Mártir, en la calle de Jesús y María, en Lavapiés y en Progreso, porque tenía mal asiento. Los Baroja y Picasso como heredero de Brocos, don José Ruiz, Pérez Costales y Pi i Margall, odiaban a todo aquel que se autoestimaba como un señorito urbano, a los emigrantes que se decían indianos y a los títulos cuarteados que encuartaban sus fortunas a la baja con el añadido de una fémina capitalista. Una mula bien villana, pero heredera, que ayudara durante una generación a tirar del descuajeringado carro.
El origen familiar de los Baroja era diferente al de la línea de Pablo, pero tanto los vascos encastados de madrileños como el andaluz adobado por la tristura gallega gustaban de lo sicalíptico. De los bajos, bajos fondos, y no de aquellos que con infinita gracia dibujaba Méndez Bringas para la revista Blanco y Negro. Bringas o la sociedad madrileña a la que servía se pasaban un chisco. Pues, ¿no dibujaba, el muy cretino, en el juego de la rueda-rueda en los jardines del Retiro a unas niñas angelicales acompañadas por una doncella enana para diferenciar las castas? Picasso y los Baroja terminaron despreciando a Bringas y al Blanco y Negro. ¿Qué era eso de la enana? Ellos no se burlaban. Pintaban y escribían sobre una prostituta con sífilis, que era peor pero más suyo, más artístico.
Pío Baroja había sido un industrial, un tahonero que vivió el mundo de los préstamos atrabiliarios concedidos por los usureros y los del oficinista dedicado al giro que cree que el dinero marca alguna diferencia.
Mientras que por su parte Picasso era un hijo, un hijo de un artista sin clientes que el hermano Salvador mandó a la emigración y que durante un tiempo le barnizó el asiento a los gallegos. En cualquier caso, ambas sagas eran eslavas y don Pablomás porque se marchó de foráneo y después de un bluff con Aragon se retiró de marxista y socialista autoritario. Cuando Picasso coincide en la tertulia del Café de Levante estudiaba para funcionario del arte. No pasó de la primera página. Moreno Carbonero decía que no tenía facultades y él no estaba por la labor de hacer los retratos a lo velazqueño y a lo Madrazo, y paisajes a lo Haes y a lo Ferrant. Picasso no encontró acougo en Madrid pero los Baroja le sirvieron de compañeros de viaje.

Lucindo-Javier Membiela

*Baroja y Nessi (Pío).
*Extraído del libro Picasso, pinxit y dixit (Editorial Camiño do Faro, 2009)

martes, 15 de junio de 2010

MADRID, NOTAS DE ARTE. PICASSO Y DON SALVADOR DE MADARIAGA.

Picasso se formó en el gusto por las pedreas de Málaga y Coruña. Don Salvador, en el lenguaje oficioso del pase misí – pase misá. No podían congeniar, pero sí admirarse en la platónica distancia.

Pablo de Picasso y Salvador de Madariaga pertenecen a dos generaciones distintas. Su formación y el resultado final son diferentes. Cuando don Pablo Picasso vive en Madrid y va o no va a la calle de Alcalá, don Madariaga estudia en la Politécnica francesa. Salvador era hijo de un militar de pro. De un intendente de un ejército que se había permitido prestarse el dinero para que casi todos sus hijos estudiaran en el extranjero, tal cual me comentó en su día mi querido profesor don Antonio L. P.
La fuerza familiar de los Madariaga, el orden, la disciplina, el trabajo, la superioridad, su nobleza e hidalguía y su hermoso paso por las aulas francesas en donde coincidían estos principios esculpieron el perfil de don Salvador. Transformaron aquel niño de provincias en un señorito con mucho mundo, con tensión, con la autoridad que da el saber sistemático. Afable y considerado. Picasso, por el contrario, fue el hueso de aceituna que escupió un padre pobre que se deseaba cual el prototipo del señorito andaluz: gracioso, jacarandoso, satírico, ¿infamador?, burdo en el saber y gastoso o sin dinero. Pero no por ello dejó de tener las agallas que procedían de su madre y de otras ramas de su propia familia y quizás, quizás las que tenía agachadas su padre. Se convirtió en el más prestigioso pintor del siglo XX.
Aquellos pequeños y jóvenes prohombres, Pablo y Salvador, coincidieron de soslayo enMadrid pero cada uno siguió su camino hasta que un buen día, en un teatro y en Londres, ambos se encontraron.
Los ingleses, que en el XIX y principios del XX cruzaban el mar Cantábrico para orearse en los balnearios españoles del norte y de Cataluña, y divertirse en los cafés cantantes de Madrid y Andalucía, acudieron en 1919 al estreno de El sombrero de tres picos de Alarcón. El atrezzo era de don Pablo, el Ballet de Diaghilev, que era un protegido de Alfonso XIII, y la música era de Falla. Fue un éxito. Un éxito del que el inestimable Salvador que se encontraba entre el público asistente hizo lauda. Una crítica laudatoria y una crónica para El Sol de Madrid.
Los tres picos de Alarcón, aflamencados en Londres, eran un reflejo, un consecuente, de lo andalú-madrileño que conoció Picasso durante su paso por la capital de España. Para que una obra se adivinara como española tenía que incluir un convento, un gitano, un clavel, un puente, un olé y un fandango.
En ello, La casa de la Troya, gallega universal, al pasar al cine se ambientó en Andalucía y su protagonista fue un torero. La venta de los gatos de Gustavo Adolfo Becquer, para que fuera grasiosa recibió el tratamiento plumífero de los Hermanos Quintero. Tal cual hicieron, vuelvo a repetir, Falla, Picasso, Satie y los Diaghilev con El sombrero de tres picos.
En esta anécdota final que versa sobre la hegemonía de lo andalú hay que incluir a Blasco Ibáñez. Y pasado el tiempo a doña Cecilia, la ex-mujer del honorable presidente de Francia, señor Sarkozy, como descendiente directa que es del gran compositor Albéniz.

Lucindo-Javier Membiela


*Extraído del libro Picasso, Pinxit y Dixit (Camiño do Faro, 2009).
*Don Salvador de Madariaga (1886-1978).

viernes, 30 de abril de 2010

MADRID, NOTAS DE ARTE. PICASSO Y VALLE


Bargiela era más ingenioso, hidalgo, improvisador y humano que don Ramón. Éste no lo podía aguantar, así que lo puso a caldo.

Escribir sobre Valle es hacer hagiografía. Hasta aquí, bien. Y así les parece a quienes le hayan dedicado un tiempo a la lectura de los ensayos que se han pergeñado sobre este literato. Pero, cuando Bargiela, junto con Valle, forman parte de la tertulia de los Baroja nos atopamos al escritor de la mala sombra.
Al sarcástico.
Bargiela, el amigo y buen Bargiela, que es retratado por Pablo Picasso, y que había nacido en Tuy tal como Valle Inclán lo hace en la ría de Arosa, resultó que era más ingenioso, más noble, más hidalgo, improvisador y humano que don Ramón. No se podía consentir. Valle no lo podía consentir así que lo puso a caldo.
Pobre del hidalgo y caballero Bargiela, que inspiró la novela La Casa de la Troya y posiblemente parte de la pintura del insigne malagueño, y algunos párrafos y estrofas de la obra de Valle. Y que nunca respondió con otras palabras que no fuesen de alabanza.

Lucindo-Javier Membiela


*Ramón María del Valle-Inclán en 1897.


martes, 20 de abril de 2010

EL VIAJE DE LOS PICASSO A GALICIA


Va para mas de ciento veinticinco años que el niño Picasso vino al mundo en Málaga, trasladándose a Coruña cuando tenía diez años para posteriormente pasar a Madrid, Barcelona, Málaga, Horta, Gosol, París, Roma, Londres, París, .... En Coruña vivió una etapa formativa que en lo que estudié y en lo que reflejan mis fichas parece ser que fue fundamental. Mi recuerdo desde aquí a los profesores y críticos que en cierta medida y con mayor o menor intensidad se han relacionado con la persona de don Pablo y su obra. Me emociona aludir a Caparrós, a Bugallal, a Fernando Mon, a Laureano Álvarez, a Meijide Pardo y a Antonio D. Olano.
En la serie que escribiré sobre tan espléndida figura del arte aludiré al entramado social, a la escenografía y a la fuente gallega de muchas de sus pinturas y dibujos que para desgracia de nuestra región se encuentran, en su mayor parte, en el Museo Picasso de Barcelona.
Sírvanos de entradilla el Cartel que en edición limitada la Editorial Camiño do Faro editó en esta conmemoración y aprovechemos la figura del Picasso niño Málagueño para imaginarlo en su viaje de entrada a Galicia.
En lo que sigue trataré de ser conciso, lo que no es óbice para que en el futuro vuelva a lo hoy escrito.
La familia Picasso se embarcó en el fondeadero de Málaga en un barco mixto de pasajeros y mercadurías a vela y a vapor de la naviera Pinillos. El viaje del matrimonio con los tres niños fue muy dificultoso hasta el punto que al llegar a la altura de Tuy deciden desembarcar en Vigo y seguir por tierra a Pontevedra, Santiago y Coruña; salvando así las marejadas de la Costa de la Muerte.
Desde Vigo los Picasso se dirigen a Pontevedra y a Carril donde toman el tren llamado «El Compostelano» que los deja en la Estación de Cornes. Allí toman un coche de punto que atravesando un feixe de prados, cultivos, casas de labranza y palacetes, los deja en la actual Plaza de Vigo en cuyo lugar se asentaba el antiguo edificio de la Inquisición y unas casas que daban servicio de mesón a varias líneas de dirigencias.
Si los Picasso hubieran visitado la Catedral cuyo obispo era Martín Herrera, habrían pernoctado en una de las casas de huéspedes de la ciudad. Siendo las más conocidas las de la Suiza, y Reparaz.
Desde este punto a los Picasso se les presentan dos opciones: Tomar la dirigencia hasta Curtis para allí enlazar con el tren del Correo, «Yente», desde Madrid a Coruña o bien tomar la línea de dirigencia La Ferrocarrilana que al cabo de siete horas y con paradas en Mesón frío, Xionlla, Sigüeiro, Oroso, Órdenes, Mesón del Viento, Carral, Alvedro-El Portazgo, los dejó en la Rúa Nueva de Coruña. Si los Picasso no se retiraron esa noche a su casa habrían dormido en el hotel Continental o en una casa de confianza.
Lucindo-Javier Membiela
*Extraído del libro Picasso, Pinxit y Dixit (Editorial Camiño do Faro, 2009)

martes, 30 de marzo de 2010

PICASSO Y LA GUITARRA


La guitarra es femenina y es tañida por los hombres y las mujeres. Pero los mejicanos se inventaron el uitarrón, que nada más que puede tañer un macho.
Pablo Picasso le imprimió un sesgo a la guitarra española, sacándola al escenario casequé como flamenca y femenina y tañida por un hombre. Sin embargo, don Pablito debió haber visto que los alalás gallegos, los pasarrúas, la jota y otras canciones regionales se acompañaban con este instrumento; que muchas veces punteaba una mujer. La masculinización de su uso y la apariencia femenil del instrumento no excluía los sones que le extraían las mujercitas, ni el gran número de folletos que se imprimían para que aquellas cabecitas limitadas aprendieran. Porque por ser mujeres tenían la entendedera más reblandecida y se necesitaba que su aprendizaje fuera más sencillo; y sus profesores y sus libros más parvos y parcos. En fin, las mujeres paso a paso, se abandonaron a los poetas y a los pintores y pasaron a confundirse con las guitarras, como un elemento de placer pasivo, dócil a la mano y semiótico. Y si alguna duda queda, pregúntesele a los cuadros, con niña y guitarra, que pintaron los artistas de la generación de don Pablo Picasso.


Lucindo-Javier Membiela

*Extraído del libro Picasso, Pinxit y Dixit (Editorial Camiño do Faro, 2009)

jueves, 25 de marzo de 2010

EL LAVADERO DEL ORZAN Y EL BATEAU-LAVOIR DE MONTMATRE


Antes de que Picasso marchara a París y viviera en el Bateau-Lavoir de Montmatre, conoció y se penetró del ambiente del Lavadero Público del Orzán, que llegué a conocer y que se hallaba cerca de su casa.
A finales del siglo XIX el lavadero del Orzán tenía varias funciones. Daba agua corriente para que las mujeres hiciesen la colada en unos inmensos pilos. Era un lugar de arrimos, de duelos y de puñetazos visuales entre los pretendientes de las lavanderas fre-lance. ¡Y por la noche festa rachada! ¡Por la noche al albur, el alboroto!, la cazaya, los pies en polvorosa, algún chirlo en la barriga o en la faz, el rasgueo de las guitarras y el son de la canción anarco eran su natural.
El ayuntamiento lo sabía. Lo sabían los señorones. Las señoras y la prensa hablaban de ello. Y algunos rillotes, que se escapaban del hospicio o vivían al albur de las cuadras de las líneas de diligencias, y algunos niños como Picasso lo experimentaban. Demostrando su valentía por asomarse a la puerta a ojear las sombras y a aspirar el indefinible olor a cosa lavada.
Aprendiendo las costumbres y cogiendo confianza sobre lo que es un lavadero, por si alguna vez se tuvieran que ir a vivir a Paris a alguno de ellos; aun cuando casi-casi no funcionara.
Lucindo-Javier Membiela
*Estampa del lavadero público del Orzán (Coruña), ca. 1890.
*Extraído del libro Picasso, Pinxit y Dixit (Editorial Camiño do Faro, 2009)