martes, 15 de junio de 2010

MADRID, NOTAS DE ARTE. PICASSO Y DON SALVADOR DE MADARIAGA.

Picasso se formó en el gusto por las pedreas de Málaga y Coruña. Don Salvador, en el lenguaje oficioso del pase misí – pase misá. No podían congeniar, pero sí admirarse en la platónica distancia.

Pablo de Picasso y Salvador de Madariaga pertenecen a dos generaciones distintas. Su formación y el resultado final son diferentes. Cuando don Pablo Picasso vive en Madrid y va o no va a la calle de Alcalá, don Madariaga estudia en la Politécnica francesa. Salvador era hijo de un militar de pro. De un intendente de un ejército que se había permitido prestarse el dinero para que casi todos sus hijos estudiaran en el extranjero, tal cual me comentó en su día mi querido profesor don Antonio L. P.
La fuerza familiar de los Madariaga, el orden, la disciplina, el trabajo, la superioridad, su nobleza e hidalguía y su hermoso paso por las aulas francesas en donde coincidían estos principios esculpieron el perfil de don Salvador. Transformaron aquel niño de provincias en un señorito con mucho mundo, con tensión, con la autoridad que da el saber sistemático. Afable y considerado. Picasso, por el contrario, fue el hueso de aceituna que escupió un padre pobre que se deseaba cual el prototipo del señorito andaluz: gracioso, jacarandoso, satírico, ¿infamador?, burdo en el saber y gastoso o sin dinero. Pero no por ello dejó de tener las agallas que procedían de su madre y de otras ramas de su propia familia y quizás, quizás las que tenía agachadas su padre. Se convirtió en el más prestigioso pintor del siglo XX.
Aquellos pequeños y jóvenes prohombres, Pablo y Salvador, coincidieron de soslayo enMadrid pero cada uno siguió su camino hasta que un buen día, en un teatro y en Londres, ambos se encontraron.
Los ingleses, que en el XIX y principios del XX cruzaban el mar Cantábrico para orearse en los balnearios españoles del norte y de Cataluña, y divertirse en los cafés cantantes de Madrid y Andalucía, acudieron en 1919 al estreno de El sombrero de tres picos de Alarcón. El atrezzo era de don Pablo, el Ballet de Diaghilev, que era un protegido de Alfonso XIII, y la música era de Falla. Fue un éxito. Un éxito del que el inestimable Salvador que se encontraba entre el público asistente hizo lauda. Una crítica laudatoria y una crónica para El Sol de Madrid.
Los tres picos de Alarcón, aflamencados en Londres, eran un reflejo, un consecuente, de lo andalú-madrileño que conoció Picasso durante su paso por la capital de España. Para que una obra se adivinara como española tenía que incluir un convento, un gitano, un clavel, un puente, un olé y un fandango.
En ello, La casa de la Troya, gallega universal, al pasar al cine se ambientó en Andalucía y su protagonista fue un torero. La venta de los gatos de Gustavo Adolfo Becquer, para que fuera grasiosa recibió el tratamiento plumífero de los Hermanos Quintero. Tal cual hicieron, vuelvo a repetir, Falla, Picasso, Satie y los Diaghilev con El sombrero de tres picos.
En esta anécdota final que versa sobre la hegemonía de lo andalú hay que incluir a Blasco Ibáñez. Y pasado el tiempo a doña Cecilia, la ex-mujer del honorable presidente de Francia, señor Sarkozy, como descendiente directa que es del gran compositor Albéniz.

Lucindo-Javier Membiela


*Extraído del libro Picasso, Pinxit y Dixit (Camiño do Faro, 2009).
*Don Salvador de Madariaga (1886-1978).