martes, 30 de marzo de 2010

PICASSO Y LA GUITARRA


La guitarra es femenina y es tañida por los hombres y las mujeres. Pero los mejicanos se inventaron el uitarrón, que nada más que puede tañer un macho.
Pablo Picasso le imprimió un sesgo a la guitarra española, sacándola al escenario casequé como flamenca y femenina y tañida por un hombre. Sin embargo, don Pablito debió haber visto que los alalás gallegos, los pasarrúas, la jota y otras canciones regionales se acompañaban con este instrumento; que muchas veces punteaba una mujer. La masculinización de su uso y la apariencia femenil del instrumento no excluía los sones que le extraían las mujercitas, ni el gran número de folletos que se imprimían para que aquellas cabecitas limitadas aprendieran. Porque por ser mujeres tenían la entendedera más reblandecida y se necesitaba que su aprendizaje fuera más sencillo; y sus profesores y sus libros más parvos y parcos. En fin, las mujeres paso a paso, se abandonaron a los poetas y a los pintores y pasaron a confundirse con las guitarras, como un elemento de placer pasivo, dócil a la mano y semiótico. Y si alguna duda queda, pregúntesele a los cuadros, con niña y guitarra, que pintaron los artistas de la generación de don Pablo Picasso.


Lucindo-Javier Membiela

*Extraído del libro Picasso, Pinxit y Dixit (Editorial Camiño do Faro, 2009)

jueves, 25 de marzo de 2010

EL LAVADERO DEL ORZAN Y EL BATEAU-LAVOIR DE MONTMATRE


Antes de que Picasso marchara a París y viviera en el Bateau-Lavoir de Montmatre, conoció y se penetró del ambiente del Lavadero Público del Orzán, que llegué a conocer y que se hallaba cerca de su casa.
A finales del siglo XIX el lavadero del Orzán tenía varias funciones. Daba agua corriente para que las mujeres hiciesen la colada en unos inmensos pilos. Era un lugar de arrimos, de duelos y de puñetazos visuales entre los pretendientes de las lavanderas fre-lance. ¡Y por la noche festa rachada! ¡Por la noche al albur, el alboroto!, la cazaya, los pies en polvorosa, algún chirlo en la barriga o en la faz, el rasgueo de las guitarras y el son de la canción anarco eran su natural.
El ayuntamiento lo sabía. Lo sabían los señorones. Las señoras y la prensa hablaban de ello. Y algunos rillotes, que se escapaban del hospicio o vivían al albur de las cuadras de las líneas de diligencias, y algunos niños como Picasso lo experimentaban. Demostrando su valentía por asomarse a la puerta a ojear las sombras y a aspirar el indefinible olor a cosa lavada.
Aprendiendo las costumbres y cogiendo confianza sobre lo que es un lavadero, por si alguna vez se tuvieran que ir a vivir a Paris a alguno de ellos; aun cuando casi-casi no funcionara.
Lucindo-Javier Membiela
*Estampa del lavadero público del Orzán (Coruña), ca. 1890.
*Extraído del libro Picasso, Pinxit y Dixit (Editorial Camiño do Faro, 2009)